VALLE DE LOS CAÍDOS
LO QUE HAY DETRÁS DE UNA BOMBA

Artículo periodístico de D. José Javier Esparza
elsemanaldigital.com. 30 de mayo, 2005

     Nadie está libre de que un desequilibrado le arroje una bomba a los pies. Pero nadie habría puesto una bomba en el Valle de los Caídos si previamente no se hubiera lastrado a este monumento con una leyenda infamante. Según esa leyenda, el Valle de los Caídos es el mausoleo que Franco erigió en su propio honor, con mano de obra forzada de presos políticos, para coronar la derrota de la República. Lo hemos venido escuchando insistentemente en la mayoría de las fábricas de opinión. Ahora bien, ocurre que todo eso es estrictamente falso, y no habrá historiador que lo mantenga con documentos en la mano. La verdad es muy otra.

     El Valle no fue construido con trabajo forzado. Un cierto porcentaje de los obreros fue reclutado por las empresas constructoras en las prisiones. Esos presos, políticos unos, comunes otros, no trabajaron como forzados, sino con el aliciente de una redención de hasta dos tercios de la pena, con un jornal equivalente al de los obreros convencionales y con la posibilidad de desplazar a su familia hasta el propio recinto de Cuelgamuros. Tampoco es verdad que Franco concibiera el Valle como mausoleo propio: nadie había previsto su enterramiento allí, fue el Gobierno de 1975 quien lo propuso y fue el Rey quien solicitó permiso al abad benedictino para inhumar al jefe del Estado; por eso Franco está enterrado en un lugar tan inusual como la parte posterior del altar. Ni es verdad, en fin, que el Valle se construyera para coronar la derrota de la República: su objetivo expreso era simbolizar la reconciliación de las dos Españas más allá de la muerte, y por eso entre los cadáveres inhumados hay un altísimo porcentaje de caídos republicanos. Todo eso lo contó Daniel Sueiro en La verdadera historia del Valle de los Caídos (SEDMAY, Madrid, 1976), libro tan repleto de testimonios de primera mano que es forzoso aceptar su estricta veracidad.

     La realidad del Valle de los Caídos, después de 1975, tampoco ha sido la de un "lugar-memoria" del franquismo. Por su Centro de Estudios Sociales, precedente de los cursos de la Complutense en El Escorial, pasaron muchos de los que en la transición desempeñaron algún papel de relieve. Ante todo y sobre todo: el trabajo de la comunidad benedictina que conforme a Derecho custodia el Valle lo ha convertido en un lugar de peregrinación de primera importancia para cientos de miles de católicos de todo el mundo. La naturaleza del Valle es religiosa y monumental, no política.

     Puede tolerarse que determinados colectivos construyan mitologías en beneficio propio; es algo que cabe excusar por el carácter traumático de toda guerra civil, y a la historiografía hay que confiar la misión de poner las cosas en su sitio. Es mucho menos tolerable que grupos políticos manipulen la verdad en su propio interés. Pero no puede haber tolerancia cuando el fruto de la manipulación es que alguien pone una bomba en un lugar que recibe cerca de medio millón de visitas al año. Cuando el desorden intelectual quiebra el orden público, la policía tendría que decir algo. Curiosamente, en este caso ha tratado de arrojar un manto de silencio.

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